Una hermana dirige esfuerzo para ‘informarle al mundo’ sobre el tráfico de humanos

Por Vinnie Rotondaro, Global Sisters Report

WASHINGTON (CNS) – Las estadísticas y hechos del tráfico con humanos utilizados como mercancía son alarmantes.

De acuerdo con el Departamento de Estado, de 800,000 a 2 millones de personas, con una tasa del 80 por ciento de esa cifra formada por mujeres y niñas sufren sometidas al tráfico, cada año.

El tráfico con humanos da paso a la explotación sexual, a trabajos forzados, a servidumbre doméstica; y también conduce a la práctica de comercio con órganos del cuerpo humano y matrimonios forzados.

Tal tráfico representa una nueva forma de esclavitud, dijo la hermana Gabriella Bottani, misionera de la congregación Comboni.

La hermana Bottani fue nombrada para el puesto en el mes de enero, como la nueva coordinadora de Talitha Kum, que es una red internacional de religiosas que trabajan para darle fin a tal clase de tráfico. Sus oficinas centrales están en Roma.

Un representante del Global Sisters Report tuvo una entrevista recientemente con ella:

P.: ¿Cuál es la extensión del tráfico con humanos?

R.: Es un problema de alcances mundiales. Contamos con estadísticas; pero yo creo que no solamente podemos fijarnos en los números. No podemos decir exactamente el número de las personas que en realidad son explotadas: explotación sexual, explotación de trabajo, adopción ilegal o irregular, extracción de órganos humanos.

Las cifras son importantes para comprender que esto es un problema humano enorme, problema mundial pues no podemos decir que algún país se vea libre de este tipo de tráfico. Sin embargo, creo que debemos de empezar a pensar en sus causas: ¿Por qué tenemos todavía esclavitud en el mundo? ¿Posibles causas?

P.: ¿Qué dice de nuestro mundo en el que este tipo de problema persiste?

R.: El tráfico con humanos (enfatiza) el modelo de desarrollo que tenemos en nuestra sociedad. Se explota la vida, tanto de personas como de la naturaleza. Y creo que tenemos que empezar a discutir este modelo, aplicado a nuestra economía. La mayoría de las personas, víctimas de explotación, son pobres. Así que tenemos que decir:

“¿Qué tipo de modelo es éste que por su medio se crean tantas desigualdades, la diferencia entre pobres y ricos?”

P.: Antes de que usted ocupara este puesto directivo de Talitha Kum, usted trabajó en Latinoamérica. Cuéntenos algo sobre ese tiempo que pasó usted allá.

R.: Trabajé en Brasil. Era la época en que estaba de moda la discusión sobre la producción de energía y se construían presas en los ríos. Y eso no solamente tuvo efectos sobre el medio ambiente, sino también efectos sociales.

Llegaron cuadrillas de hombres para construir las presas y con ellos llegó la explotación sexual promovida por las fuerzas económicas. Y así, a veces, solamente vemos la posibilidad de producir más capital, de mover mayores cantidades de dinero, pero no vemos el otro lado, el lado humano y el lado social y los efectos culturales de este modelo de desarrollo.

P.: ¿Qué sacó usted en limpio con sus pláticas con las víctimas?

R.: La primera cosa que aprendí fue que muchas personas no se pueden reconocer como explotadas. Y la gente dice: “Era esclavo/a pero no lo sabía”. Estaban acostumbradas a las circunstancias desde su niñez. Uno puede ser muchacha joven que vive cerca de un río y alguien dice: “Te vamos a llevar a la ciudad para que estudies”; pero no es para estudiar la razón por la que se la llevan.

Y esas muchachas no ven lo que les pasa como servidumbre pues dicen: “Bueno, tengo que trabajar porque me dan algo de comer”. No se dan cuenta de que están siendo explotadas.

P.: ¿Cuál es el futuro de este asunto para la Iglesia Católica?

A.: Nos encontramos en un lugar muy positivo con la participación del papa Francisco y su compromiso en contra del tráfico de humanos. Creo que ayuda a la iglesia a enfrentar y ver este problema.

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