El papa les pide a unos prisioneros que recen para que Cristo lo haga a él mejor servidor

Por Carol Glatz, Catholic News Service

CIUDAD DEL VATICANO (CNS) — En una conmovedora ceremonia en la que se recordó cómo Jesús amó tanto al mundo que se rebajó para servir y murió por los pecados de todos, el papa Francisco les lavó los pies a 12 prisioneros, más un infante que vive con su madre encarcelada.

“Jesús nos amó, Jesús nos amó, pero sin ningún límite, siempre, en forma completa hasta el final”, dijo durante la Misa del Jueves Santo de la Cena del Señor, el 2 de abril.

“Y él no se cansa de amar a nadie, nos ama a todos” al punto que dio su vida para “darnos vida, a cada uno de nosotros, a ti, a ti, a mí, a ellos”, dijo, señalando a los presos que se habían reunido en la capilla del “Padre nuestro” en las instalaciones carcelarias de Rebibbia en Roma.

El papa llegó a la prisión entre vítores y gritos de cientos de prisioneros que cantaban “Francesco” y aplaudían alineados a lo largo de barricadas de metal colocadas en el patio de la prisión.

Después de bajarse del automóvil, el papa se volvió hacia una ala de concreto de la prisión que quedaba detrás de él y saludó con la mano, posiblemente porque había escuchado voces y vítores que salían de ventanas clausuradas.

Y el papa saludó, abrazó, saludó de mano y besó a muchos de los prisioneros. Muchos de ellos le presentaban rosarios de plástico para que se los bendijera; otros solamente querían darle la mano o que rezara por alguien que aparecía en una fotografía que le mostraban.

En su breve e improvisada homilía, el papa explicó el significado de la Cena del Señor y el sentido del lavatorio de pies que les hizo Jesús a sus discípulos.

Por aquel entonces, en tiempos de Jesús, dijo el papa, cuando la gente llegaba de visita, llevaba los pies sucios pues calzaban sandalias y los caminos eran polvosos.

“En ese entonces no tenían adoquines “sampietrini”, dijo, en referencia a las calles empedradas de Roma, y la gente sonrió.

Pero en lugar de hacer que un esclavo les lavara los pies a los discípulos, Jesús ejecutó Él mismo el ritual, ante el asombro y la incomprensión de los apóstoles, dijo el papa.

Jesús amó tanto a la gente, dijo, que “se hizo esclavo para servirnos, curarnos, limpiarnos”, dijo.

El papa Francisco dijo que la iglesia de hoy le pide “al sacerdote que les lave los pies a 12 personas en memoria de los 12 apóstoles”.

Pero para sacar el auténtico significado de esta ceremonia, todos “debemos tener la certeza en nuestro corazón, debemos de estar seguros de que cuando el Señor nos lava los pies, lo limpia todo, nos purifica, nos hace sentir su amor una vez más”.

Y dijo que los hombres y mujeres que participarían en la ceremonia del lavatorio de los pies representaban a todos y a cada uno de los 2,100 personas detenidas allí.

Y el papa dijo entonces que también él necesitaba ser lavado por el Señor, y les pidió a todos que rezaran para que “el Señor también me lave mi suciedad para poder ser más siervo de ustedes, más siervo al servicio del pueblo, como Jesús lo fue”.

Antes de lavarle el pie a una mujer de Nigeria, el papa le lavó el piececito al hijo de ella, quien calmadamente observó el procedimiento desde el regazo de su madre.

Prisioneras que tienen hijos menores de 3 años viven en la sección maternal de la prisión con su respectiva criatur

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