Para el Año Santo, el Papa quiere compartir su experiencia de misericordia

Por Cindy Wooden, Catholic News Service

CIUDAD DEL VATICANO (CNS) – La decisión del papa Francisco de convocar a un Año Santo de Misericordia especial tiene sus raíces en un evento que llevó al entonces adolescente Jorge Mario Bergoglio al sacerdocio.

El papa Francisco ha contado la historia varias veces en los dos años pasados. En una ocasión, a principios de su pontificado, les habló a los miembros de un movimiento laico católico sobre su camino de fe, especialmente la importancia de haber sido educado como católico y la influencia que tuvo sobre su abuelita. Y después dijo:

“Un día en particular, sin embargo, fue muy importante para mí, el 21 de septiembre de 1953. Yo tenía entonces casi 17 años. Era el ‘Día del estudiante’, para nosotros el primer día de primavera; para ustedes, el primer día de otoño.

Antes de ir a la celebración pasé por la parroquia a donde normalmente iba, encontré a un sacerdote que no conocía y sentí la necesidad de confesarme.

Para mí esa fue una experiencia de encuentro: Me di cuenta de que alguien me esperaba. Empero, no sé qué pasó, no puedo recordarlo, no sé por qué ese sacerdote en particular estaba allí, a quien no conocía yo, o por qué sentí ese deseo de confesarme.

Sin embargo alguien estaba allí esperándome. Me había estado esperando por algún tiempo. Después de confesarme sentí que algo había cambiado. Yo ya no era el mismo. Había escuchado como una voz o un llamado. Me convencí de que yo debía ser sacerdote”.

Una y otra vez, el papa Francisco le dice a la gente: Dios está siempre primero allí, esperando a uno; el sacramento de la confesión es un encuentro con el Dios misericordioso que siempre está dispuesto a perdonar a aquellos que buscan el perdón; y reconocer qué tan misericordioso ha sido Dios con uno nos debe de hacer misericordiosos para otros.

El Papa alude con frecuencia a la pintura hecha por Caravaggio, conocida como “el llamado de San Mateo “‘, quien era colector de impuestos. Y escogió su lema de la homilía del venerable Beda en la historia del Evangelio en donde Jesús ve a Mateo y le dice: “Sígueme”, y Mateo lo sigue.

El lema del Papa, en latín, es: “miserando atque eligendo”, que el santo Beda utilizaba para describir a Mateo, llamándole “miserable, pero escogido”.

Hablando del llamado de Mateo, el papa Francisco les dijo a los jóvenes en las Filipinas, en enero: “Esa mañana, cuando Mateo iba al trabajo y le dijo adiós a su esposa, nunca pensó que iba a regresar de prisa, sin dinero, para decirle a su esposa que preparara un banquete.

El banquete para quien lo había amado primero, que lo sorprendió con algo importante, más importante que todo el dinero que tenía”.

El padre irlandés jesuita James Corkery, profesor de la Universidad Gregoriana Pontificia de Roma, dijo que la formación jesuítica del Papa, específicamente por medio de los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola, había edificado su experiencia de misericordia cuando era joven.

La primera semana de los ejercicios se trata de “meditar en mis pecados, percatarme de que soy pecador y al mismo tiempo darme cuenta de que soy amado de Dios”, dijo.

La meditación sobre los pecados personales termina con una invitación a tener “un coloquio” u oración tipo conversación con Dios, padre de misericordia.

A pesar de que en el texto de los Ejercicios Espirituales rara vez se use la palabra “misericordia”, el padre Corkery dijo que el concepto se ve claro en repetidos usos de palabras como “gratitud”, “asombro” e incluso “vergüenza”.

“Todo el movimiento de la primera semana es capacitar a la persona para que se dé cuenta de que no se ha sido gran cosa, pero que uno es amado, maravillosamente amado”, dijo.

La experiencia le ayuda a la persona a “reclinarse en la misericordia y bondad de Dios”, aceptando a pesar de que se sabe que uno no lo merece.

San Ignacio de Loyola “lo hace reflexionar a uno en la manera en la que uno no ha sido perfecto, y después lo hace que se llene uno de asombro y maravilla de que el Señor le pueda mostrar a uno tanta bondad”, dijo el padre Corkery. “San Ignacio tiene un gran sentido de que Dios hizo algo por él y se liga con la conciencia de la misericordia”.

El lema del papa Francisco “miserable pero escogido” demuestra que el papa Francisco y San Ignacio tienen ante la vista la misma página cuando se trata de sentirse abrumado por la bondad y misericordia de Dios, dijo el padre irlandés jesuita.

Otro punto en las enseñanzas de San Ignacio que el papa Francisco repite con frecuencia, dijo, es que mientras que los humanos son pecadores “no necesitamos languidecer en ello ” pues Dios nos ha perdonado y nos llama para que sigamos adelante.

En la celebración de penitencia del 13 de marzo en la que se anunció el Año Santo, el papa Francisco dio una homilía sobre la historia del Evangelio de la mujer pecadora que le lavó los pies a Jesús con sus lágrimas y los secó con su cabello.

“Gracias a Jesús”, dijo el Papa, “Dios desecha los pecados de la mujer y no los recuerda. Eso porque es cierto: cuando Jesús perdona, olvida”.

El Año Santo, dijo, debe de ser un tiempo “de gozo para redescubrir y hacer fructífera la misericordia de Dios ” para acercarnos y ofrecer “consuelo a todo hombre y mujer de nuestra edad”.

El papa Francisco, dijo el padre Corkery, no tiene trabas “en lo absoluto” en la forma como habla de la misericordia, incluyendo la tarea de todo cristiano de “ser portadores de misericordia para todo aquel que la busque”.

“Él quiere que no falte la misericordia”, dijo. “Esa es la tonada que canta y no va a dejar de hacerlo, como sabemos. Ese es el año al que ha convocado”.

El padre jesuita dijo que el Papa sabe de propia experiencia que “uno no debe atorarse, uno tiene que seguir adelante, como si no supiera que lo sigue la misericordia”. Y para el papa Francisco, seguir adelante y allegarse a otros es la clave.

“¿Por qué no aceptar la inundación de misericordia de Dios y después bañar a otros con lo mismo; creo que esa es su idea”, dijo el padre Corkery. “No escatimen esfuerzo, no cuando se trate de la misericordia”.

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