Esperanza en El Señor — Busquen a los olvidados y encuentren el corazón de Jesucristo

Arzobispo Joseph E. Kurtz

Arzobispo Joseph E. Kurtz

La semana pasada, asistí a la Reunión del Ministerio Social Católico en Washington, D.C. y pronuncié mi homilía de clausura el día martes, 10 de febrero, onomástico de Santa Escolástica. Este fue el día que los participantes estuvieron planeando ir a Capitol Hill para abogar por asuntos con el congreso. Aquí se encuentran los temas más importantes de esta homilía:

Hoy, mi tema se despliega en tres partes: la paradoja, el encuentro y el ímpetu.

Google define la paradoja como “… utilización de conceptos o ideas que son contradictorias entre sí, pero que sin embargo, cuando se colocan juntas poseen un valor significativo a varios niveles”. El papa Francisco presenta una paradoja cuando nos dice que cuanto más lejos vayamos a buscar a los olvidados, más cercas estaremos del corazón de Jesucristo. Somos llamados a salir de nuestras casas, Iglesias y escuelas e ir a la frontera. Y cuando alcanzamos el borde ignorado de nuestra sociedad, nos encontramos a nosotros mismos en el centro… el corazón.

En su exhortación apostólica La Alegría del Evangelio, el papa Francisco dice: “cuando vivimos la mística de acercarnos a los demás y de buscar su bien, ampliamos nuestro interior para recibir los más hermosos regalos del Señor” (§272). Vamos a la frontera y encontramos el corazón de nuestro Señor Jesucristo en los olvidados, aquellos sin voz y en los vulnerables.

Gaudium Et Spes, (La Constitución Pastoral sobre la Iglesia en el Mundo Actual), del Concilio Vaticano II, comienza con estas palabras famosas: Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo. Nada hay verdaderamente humano que no encuentre eco en su corazón” (§1).

A los fariseos de los Evangelios se les escapó el corazón de Jesucristo porque vieron en la ley una serie de espacios abiertos para su propio beneficio. Ustedes vienen con el anhelo de encontrar el corazón de Jesucristo, y lo harán al olvidar su propio bienestar y al hablar por aquellos que no tienen voz.

Gaudium et Spes habla también de encontrar el corazón de Jesús como nuestro más elevado llamado: “Cristo, el nuevo Adán, en la misma revelación del misterio del Padre y de su amor, manifiesta plenamente el hombre al propio hombre y le descubre la sublimidad de su vocación” (§22).

Así que la paradoja me lleva a mi segundo tema: un encuentro. No únicamente proporcionamos estadísticas y programas a este ministerio, sino que llevamos en nosotros el encuentro con alguien que ha cambiado nuestras vidas. Todo trabajo por la justicia tiene un “rostro”. Yo tengo tres rostros en mi mente y corazón:

  • Me imagino a mi hermano George, que nació 5 años antes que yo con Síndrome de Down. Creciendo junto a Georgie dio un rostro a aquellos que a veces son hechos a un lado. Yo soy un apasionado por el derecho a la vida, el cual se opone a la horrible forma en la que la sociedad quiere olvidar e ignorar. Mis padres necesitaban ser ayudados y acompañados, no ignorados. Gracias a Dios ellos recibieron ese apoyo, porque en mi familia Georgie no era únicamente nuestra alegría, pero mi gran maestro. Él me enseñó lo que es verdaderamente importante en la vida.
  • Me imagino a un padre de familia joven que conocí en Haití cuando estábamos dedicando un hospital nuevo recién construido. Él era una persona de mantenimiento y yo le pregunté porque estaba trabajando allí. Él respondió: “Porque yo quiero a mi familia a quien apoyo, quiero a los que vienen aquí a ser sanados, y yo amo a Jesús”. ¡Asombroso!
  • Me imagino a la Congregación de las Hermanitas de los Pobres, que cuidan de los frágiles ancianos en Louisville. Ellas están demandando al gobierno porque quieren ser libres para servir a aquellos que son olvidados de una manera que es consistente con su llamado como mujeres religiosas. Defiendo a las Hermanitas de los Pobres y su afán por preservar lo que verdaderamente es libertad religiosa: la libertad de servir a otros con integridad.

    Ustedes deberían buscar recordar estos rostros al realizar sus visitas en “the Hill”. Ustedes abogarán por políticas de inmigración justas; por un presupuesto que no olvida a aquellos que son pobres; por esfuerzos en el Medio Oriente; por una paz duradera. Tomen una imagen vívida con ustedes.

    Cuando decimos que Dios creo los cielos y las aguas, los peces y las aves, hombre y mujer en Su imagen y semejanza, sabemos que esta dignidad es un don con el cual nacemos y que además es una tarea a ser realizada. Cuando a mi mamá no le gustaba algo que hacía, ella diría, “¡Acabas de hacer algo indigno de ti! La dignidad es un don pero también es una tarea. El día de hoy, ustedes llevarán a cabo esta tarea de una manera que “descubran la sublimidad de su vocación” (§22).

    Estas dos valiosas percepciones – en donde en el borde ustedes encuentran el corazón de Cristo y que ustedes no están simplemente proponiendo ideas sino teniendo un encuentro con la persona – me lleva a mi tercer tema: ímpetu. La tarea de los santos de Dios de avanzar. A través de los siglos hombres y mujeres de fe han sido alzados por Cristo para dar un testimonio auténtico y audaz.

    Me gusta decir que estamos listos para avanzar con las 4 C que en inglés son: courageous, compassionate, civil, and calm (valiente, compasivo, cívico y pacífico). Hoy es un día de gracia: Jesucristo actuará a través de ustedes.

  • Hay la paradoja: entre más lejos vayan a buscar a los olvidados, lo más cerca que ustedes estarán del corazón de Jesucristo.
  • Hay el encuentro: sean específicos y vívidos. Dejen que sus esfuerzos tengan un “rostro” para que hablen por esa persona.
  • Hay un gran ímpetu: “Si Dios está con nosotros, ¿quién estará en contra de nosotros?” (Romanos 8:31) Sean valientes, compasivos, cívicos, pacíficos. No tengan miedo. AVANZEN.

Arzobispo Joseph E. Kurtz

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