Esperanza en El Señor — Cuarenta y dos años de defender la vida

Arzobispo Joseph E. Kurtz

Arzobispo Joseph E. Kurtz

La semana pasada, estuve en Washington D.C. para otra ¡Marcha por la Vida! en el mes de enero. Mi acción pública en este asunto comenzó hace 42 años en enero de 1973, cuando fui ordenado sacerdote 10 meses antes. En ese tiempo, le escribí una carta al editor del periódico de Allentown titulado Morning Call denunciando públicamente Roe vs. Wade, la decisión de la Suprema Corte de Justicia de tomar la vida de inocentes en el vientre materno permitido por la ley. Me uní a muchos en oposición a esta decisión y a ser sólido a defender y proteger la vida inocente.

Yo recibiría mi título en trabajo social y pasaría dos docenas de años en Catholic Charities trabajando para programas tales como “Caring Hearts” en donde personas buenas – profesionistas y voluntarios – trabajarían incansablemente para ayudar a mujeres que hayan pasado por problemas con sus embarazos para juntos defender la vida – de la criatura en el vientre y para la madre, padre y sus familias. Esta combinación de acción pública y de defensa combinada con el servicio directo y cuidado por aquellos en necesidad es lo que significa ser ¡provida!

Ha sido un camino largo. De nueva cuenta la semana pasada, celebré Misa y me paré en la plataforma del centro comercial de D.C. para ofrecer una oración por esta causa…que ahora tiene 42 años.

Defender la vida definitivamente toma paciencia, resistencia y compromiso. La Misa del jueves pasado a las 7:30 a.m. dio cierre a una vigilia nocturna en el National Shrine of the Immaculate Conception. La gran Basílica estaba llena de gente joven (y jóvenes de corazón, ¡como yo!) que pasé la noche entera en vigilia y oración. Después de la Misa en la Basílica, fui a Verizon Center en donde más de 20,000 jóvenes se reunieron para la Misa por la Vida. (Afortunadamente, más de 300 de Louisville estuvieron en este ¡bendito encuentro!) Fuimos en procesión de la Misa al Rally y Marchamos al Mall. De manera pacífica y cortés, valiente y compasiva, miles y miles de fieles estaban allí – algunos por primera vez y otros por la cuadragésima segunda vez. Estábamos llenos de entusiasmo, expectativa y esperanza. ¡Servimos como embajadores por la vida!

Toma la gracia de Cristo mantener esa esperanza viva después de 42 años. Y de nuevo, no estoy seguro de cuantos corazones han sido tocados por estos años de testimonio público no violento. No sé cuántas vidas han sido salvadas, cuántas conciencias han sido bien formadas, cuantos nuevos embajadores por la vida han sido llamados al frente. Lo único que sé es que la gracia de Cristo está presente y empoderando.

En esa primera tarde de Pascua, era Jesús, resucitado de la muerte, quien vino a sus discípulos y dijo, “La paz esté con ustedes”, y después sopló sobre ellos el poder del Espíritu Santo. Es este encuentro con Jesús que el papa Francisco dice que debería ser la fuente de fortaleza y confianza al nosotros buscar hacer lo que está bien de una manera llena de misericordia y compasión.

La semana antepasada, pasé cuatro días en Haití. La edición de esta semana del periódico The Record proporciona detalles de esta peregrinación de esperanza – después de 5 años del terremoto que asoló esta isla en el Caribe. Aún hay mucho disturbio y sufrimiento. Pero de manera lenta y segura, el pueblo haitiano que permaneció durante esta calamidad trabajó por la restauración de la dignidad. Las escuelas y hospitales están siendo reconstruidos y en sociedad con buenas personas se está marcando la diferencia. Hubiera sido fácil desanimarse. Hay mucho por hacer.

De muchas maneras, la Marcha por la Vida la semana pasada y el viaje a Haití emergen como capítulos de la misma narrativa: la obra de la gracia de Dios que levanta a la humanidad caída para renovar la dignidad, proteger la vida y trabajar en los corazones de personas buenas para así suscitar acciones que son compasivas y bondadosas, valientes y fieles.

El doctor francés, Jérôme Lejeune, genetista que en 1959 descubrió la composición genética del Síndrome de Down (trisomía 21), falleció en 1994 y ha sido declarado “Siervo de Dios”. (Este es el primer paso hacia la canonización en la Iglesia católica). Él sufrió mucho en la defensa por aquellos que no tienen voz. Una vez declaró que nosotros en nuestra civilización seremos juzgados por un y solo un criterio: ¿Cómo tratamos al menor de nuestros hermanos? ¡Estas palabras de Jesús nos dan poder de ser respetuosos de toda vida humana!

Arzobispo Joseph E. Kurtz

Advertisements
%d bloggers like this: