Esperanza en El Señor — Discurso a la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos

Archbishop Joseph E. Kurtz

Archbishop Joseph E. Kurtz

Aquí se indican extractos de mi discurso presidencial a la asamblea de otoño de la Conferencia de Obispos Católicos de los Estados Unidos. Para el discurso completo, ver http://www.archlou.org/2014/11/11/faithfully-living-the-gospel-lets-walk-together/)

No había conocido a Paolo Rodari hasta que me pidió que me sentara con él a hablar sobre nuestras familias. Paolo es un periodista italiano, pero esto no era acerca de una entrevista. Él había escuchado que yo cuidé de mi hermano Georgie que tenía Síndrome de Down, y él quería hablar acerca de sus esperanzas y miedos por su propio hermano, Giovanni, quien también tiene Síndrome de Down.

Nos conocimos cuando estuve en Roma para el Sínodo de la Familia. Aunque yo hablo poco italiano y Paolo habla poco inglés, pudimos hablar de nuestros hermanos. “¿Lee Giovanni libros?” pregunté. Paolo dijo no. “¿Ve la televisión?” “¡Ah, sí!” y la veían juntos, y esta es una manera en la que ellos están juntos, tal y como era con Georgie y conmigo.

Posteriormente me pregunté algo más “¿Es difícil entender a Giovanni?” Paolo asintió. “¿Pero tú le entiendes?” pregunté. Paolo sonrió y asintió de nuevo. Paolo ha aprendido a entender a Giovanni, porque son familia.

Hoy venimos juntos como familia. Como parte de una familia, estamos llamados a caminar con nuestros hermanos y hermanas, ayudándolos a crecer cercanos a Jesús a través de su misericordia. También estamos llamados a dar a las familias esperanza en la vida abundante prometida por Jesús, inspirando su confianza en las verdades de nuestra fe por las cuales venimos a encontrarnos con Él.

Somos testigos de las verdades de nuestra fe como miembros de nuestras propias familias; como miembros de nuestra familia de fe; y como parte de la gran nube de testigos, una familia de pie a través del tiempo a llamar a aquellos que están lastimados; hacerles saber, como nuestro Santo Padre el papa Francisco dice, que la Iglesia “tiene que ser el lugar de la misericordia gratuita, donde todo el mundo pueda sentirse acogido, amado, perdonado y alentado a vivir la vida buena del Evangelio”. (Evangelii Gaudium 114)

Como ustedes saben, me dirijo a ustedes habiendo regresado recientemente, junto con varios de nuestros obispos hermanos, del Sínodo Extraordinario de la Familia en Roma. Mi oración por el Sínodo fue de que daríamos testimonio a la belleza de las enseñanzas de la Iglesia sobre el matrimonio; que profundizaríamos la manera en que nosotros acompañamos a aquellos que luchan contra tantos retos que las familias hoy en día enfrentan; y que nosotros alentaremos – inclusive inspirar – a parejas casadas a tener confianza en su habilidad para vivir fielmente el Evangelio de la Familia.

Tomamos algunos pasos positives en el Sínodo para avanzar aquellos esfuerzos, particularmente en el trabajo de los grupos pequeños. Aquellos fueron marcados por una discusión fructífera y propósito de unidad. Finalmente tenemos el relatio final a ser usado como documento de trabajo al prepararnos para el Sínodo el próximo mes de octubre. Con miras hacia adelante, nos beneficiaremos al enfrentar estos temas vistos a través del prisma de la Escritura y la Tradición Sagrada, informados por las experiencias de aquellos que servimos como pastores.

Es mi esperanza que estos esfuerzos hayan comenzado en el Sínodo – fortalecer el testimonio, profundizar el acompañamiento y renovar la confianza – trabajaremos juntos para ayudar a restaurar la esperanza en la vocación de parejas casadas y familias. No podemos negar los retos sociales y económicos que las familias enfrentan hoy en día; son razones profundas y poderosas. Sin embargo sabemos que la esperanza en el matrimonio está bien fundada, una esperanza escrita en los corazones de los hombres y mujeres, una esperanza recibida en Cristo, una esperanza que no decepciona. (Romanos 5:5).

Además sabemos que los hijos son obsequios. Sabemos que larga vida, fiel, y matrimonios fructíferos están al alcance y guían hacia una vida en abundancia; lo vemos cada día entre las familias que servimos. Su testimonio alegre sirve como fortaleza para todos aquellos a su alrededor. Además vemos un consistente enlace entre la práctica religiosa y matrimonios fuertes; una familia que ora junta tiende a estar junta.

Podemos restaurar la esperanza en el matrimonio al convocar tal testimonio para ayudar a otro, y ayudarnos a acompañar y alentar a las familias con apoyo práctico y firme. Podemos trabajar para expresar mejor la visión notable de San Juan Pablo II sobre el matrimonio y la vida familiar desarrollada en su teología del cuerpo. Y porque como lo indica San Juan Pablo II, “la Iglesia es casa y familia para todos, especialmente para cuantos están fatigados y cargados” (Familiaris Consortio 85) debemos buscar especialmente a aquellos que sufren bajo el peso de las dificultades que enfrentan las familias de hoy en día, recordando de ver primero a la persona, caminar con ellos y apuntando el camino hacia Dios.

Todos nos esforzamos por ser pastores fieles, así que sabemos como es. Piensen en las visitas a hogares que todos hemos hecho en las parroquias. Cuando yo he ido a casa de alguien, no empezaría a decirles como tienen que reacomodar sus muebles. De la misma manera, no empezaría a darles una lista de reglas a seguir.

Más bien primero pasaría tiempo con ellos, tratando de apreciar lo bueno que vi en sus corazones. Lo reconocería, como ellos, estuve en el proceso de conversión hacia mayor santidad. Después los invitaría a seguir a Cristo y me ofrecería a acompañarlos, así juntos, seguir la invitación del Evangelio de apartarse del pecado y continuar la jornada. Tal enfoque no está en oposición a las enseñanzas de la Iglesia, es una afirmación de ellas. Nuestro llamado como obispos es traer la Buena Nueva a otros como verdaderos discípulos misioneros, inspirándolos a seguir adelante y hacer lo mismo…

Mencioné a Paolo Rodari y su hermano Giovanni hace unos minutos. Cuando nos conocimos, Paolo se preguntaba que le pasaría a Giovanni cuando su madre ya no estuviera para cuidarlo. Yo recuerdo ese mismo miedo en mí. Como pastores, acompañamos a muchas familias que enfrentan sus propios miedos y dudas y que anhelamos tengan la experiencia del amor de Jesús en y a través de su familia amorosa – la Iglesia. Juntos, hermanos, buscamos caminar con estas familias y construir su confianza en la fe.

Evangelizar significa dar testimonio de nuestras esperanzas en Jesús. Vivamos ese testimonio día a día, con humilde confianza en la bondad, verdad y belleza de nuestra fe, juntos de pie como “uno en Jesucristo” (Gálatas 3:28).

ARZOBISPO JOSEPH E. KURTZ

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